MENSAJE DEL PÁRROCO - 22 DE JULIO DE 2022



Queridos Feligreses de San Martín,


La primera lectura y el evangelio de este domingo se centra en la oración. La oración es un tema siempre importante, porque es el alma de cada uno de nosotros. Tradicionalmente hablamos de cuatro tipos de oración:


1. Adoración/bendición: Oramos como expresión de adoración y alabanza a Dios. La oración del Gloria de la Iglesia es un excelente ejemplo de esto: “Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias”. Los seres humanos son esencialmente criaturas de adoración. Simplemente, adoramos a Dios porque él es Dios, todo santo, infinito en amor, poder y majestad. Es un hermoso don de gracia cuando nos encontramos olvidándonos de nosotros mismos y alabando a Dios. La adoración Eucarística y la Misa son oportunidades perfectas para adorar a Dios.


2. Petición/Contrición: Oramos porque necesitamos que Dios provea para nosotros. No somos criaturas hechas a sí mismas o autosuficientes, sino que dependemos radicalmente de Dios. Alguien compartió una historia conmovedora conmigo el otro día. La fiesta de cumpleaños del sexto cumpleaños de su hijo fue en un parque, y amenazaba con llover. La madre le dijo a su hijo ansioso que rezara para que no lloviera. Se fue solo detrás de un árbol. Cuando regresó, notó que tenía algo de suciedad en la cabeza, y se dio cuenta de que había estado boca abajo en oración. La amenaza de lluvia pasó por encima. La verdad es que Dios se preocupa por todos los deseos de nuestro corazón, incluso cuando es tan simple como no querer que llueva.


3. Intercesión: Oramos por los demás, porque Dios quiere que nos demos cuenta de nuestra interdependencia. La santidad no es un proyecto que emprendemos por nuestra cuenta. Dependemos de las oraciones y la intercesión de los demás para obtener fortaleza, guía, curación y crecimiento espiritual. Las Escrituras habla innumerables veces acerca de la urgencia de orar unos por otros. El Yo Confieso al comienzo de la Misa es un recordatorio perfecto de esto: “Ruego a la Santísima Virgen María, a los ángeles y a los santos, y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios nuestro Señor”. ¡Necesitamos las oraciones de los demás!


4. Acción de Gracias: La gratitud es un signo seguro de salud espiritual. Nuestra libertad del pecado y la muerte, nuestra nueva vida en Cristo y todas las bendiciones que experimentamos en la vida diaria se deben a la gracia de Dios. Cuanto más nos damos cuenta de esto, más humildes y agradecidos nos volvemos. Una oración de acción de gracias debe ser un elemento no negociable de nuestra oración diaria.


El Catecismo de la Iglesia Católica afirma:


“La oración es la vida del corazón nuevo. Debe animarnos en todo momento. Nosotros, sin embargo, olvidamos al que es nuestra Vida y nuestro Todo. Por eso, los Padres espirituales en la tradición del Deuteronomio y los profetas, insisten en que la oración como ‘un recuerdo de Dios’, un frecuente despertar ‘la memoria del corazón’: ‘Es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar’. Pero no se puede orar ‘en todo tiempo’ si no se ora, con particular dedicación, en algunos momentos”. (2697).


Usa estos días de verano para renovar tu propia vida de oración, especialmente reservando momentos específicos cada día para practicar las diversas formas de oración.


En Cristo,









P. David

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