MENSAJE DEL PÁRROCO - 8 DE JULIO DE 2022




Queridos Feligreses de San Martín,


Cuando pienso en julio, pienso en la playa (fíjate que dije, pienso en, porque ciertamente no estoy allí). La playa es un lugar de encuentro con Dios, y hay muchas historias, tanto bíblicas como en la tradición de la Iglesia, que se centran en la orilla del mar.


Una historia es la de Justino Mártir, cuya fiesta celebramos recientemente. Justino nació alrededor del año 100 en Palestina, y desde una edad temprana buscó la verdadera sabiduría. Aprendió de muchos filósofos, pero no fue hasta que tuvo un encuentro casual con un cristiano en la orilla del mar que se enteró del cristianismo. Los dos comenzaron a hablar de filosofía, pero el hombre gradualmente abrió a Justino al conocimiento de que el alma es un regalo de Dios, que es la fuente de la vida. Luego habló de los profetas del Antiguo Testamento que eran más grandes que cualquiera de los filósofos, porque hablaban desde sus encuentros con el Dios viviente. Después de esa conversación, Justino se convirtió al cristianismo, y más tarde moriría por la verdadera fe.


Otra historia se refiere a San Agustín. Agustín se estaba tomando un descanso de escribir su magistral obra sobre la Santísima Trinidad caminando a lo largo de la orilla del mar. Vio a un niño pequeño que corría de un lado a otro entre el océano y un pequeño agujero, mientras sostenía una pequeña concha en la mano. Divertido al verlo, Agustín le preguntó qué estaba haciendo. El niño respondió emocionado: “Estoy tratando de meter ese gran océano en este pequeño agujero”. Agustín le instruyó suavemente: “¡Hijo mío, nunca podrías meter este gran y magnífico océano en ese pequeño agujero!” Inmediatamente el niño respondió: “Y tú nunca podrías entender la Santísima Trinidad”. En ese momento el niño desapareció repentinamente.


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Suyo en Cristo,









P. David

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